El amanecer nunca se había visto tan hermoso
En sus ojos brillaba la luz del alba
La intensa brisa hacía al bosque quejumbroso
Pero el viento susurrante le llenaba el alma
En su cabeza una biblioteca de fotografías
Su boca se tragaba el panorama
Su nariz respiraba de alegría
Su cuerpo temblaba en la rama
Desde la cima se veían los caminos
Senderos de agua, viento y tierra
La naturaleza viva le destemplabla los dientes
Dura y verde, casi podía masticarla
Lo visitaba a menudo un pajarillo
Tan frágil sus alas, como él en las ramas
El picaflor lo miraba a saltillos
Él, en el pino, hizo una cama
Lo azotaba constantemente un silencio
Un rugido helado, con aroma a marea
Su cuerpo fornido temblaba de frío
Pero no importaba, estaba cumpliendo su tarea
Desde el cielo él veía las estrellas
De madera, de ladrillos y de cemento
Todas con sus brillos metálicos
Todas queriendo ser las del cielo
Él vivía en una estrella singular
La hizo con sus manos, sudor y sangre
A punta de chuzo, pala e instrucciones del padre
Pero él nunca logró llamarle hogar
No, nunca tuvo un hogar construible
Su casa era solo destruible
Solo existía en el bosque
Solo arriba, sobre el pino
El ocaso era casi tan hermoso como el alba
Pero solo quería que acabará para estirar su palma
Ahí, al anochecer, en su rama
Su casa en el árbol se acercaba a la luna
Se sentaba en el cielo, rodeado de un verde mar
Desde su rama se ponía a vigilar
Su bosque, su casa, su hogar
Su vida, efímera en tierra, se unió a la eternidad
Allá, en lo alto de los dioses verdes
Entre sabios y savia
Con hormigas y arañas
Sobre nidos y ramas
El viento se llevo su aliento
Cuando por fin encontró su lugar
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