domingo, 5 de marzo de 2017

Secretos de arena y sal

El aliento del cielo cada vez era mas fuerte
El viento borraba sus pasos
Y la arena los olvidaba enseguida.
Su amor era un tanto ilegal
En su boca ya caía el licor
Con un dulce sabor a melón
El sol había dejado de quemar
Y en sus ojos se hacía agua
El hombre que no dejaba de observar
Su cuerpo, su pelo y su boca
Su mirada no la dejaba pensar
¿El ocaso acaso acosaba a su hombre?
El sol de media tarde lo hacía brillar
Entre el vino, las risas y las olas
La niña no lo dejaba de mirar
El día se hizo oscuro
En su mano tabaco puro
Sus ropad húmedas de sal
Se acercaban al sujeto
Lo querían besar
Lentamente vió gente pasar
En la noche, a su lado se puso a andar
Entre abrazos y chistes
Se fueron a sentsr
Y frente al cactus de mentiras
Ahogaron sus besos en el mar
El viento sus pasos quiso borrar
No pensó en encender su corazones
La luna atestiguo sus amores
Y las olas acallaron sus verdades

A la altura del silencio

El amanecer nunca se había visto tan hermoso
En sus ojos brillaba la luz del alba
La intensa brisa hacía al bosque quejumbroso
Pero el viento susurrante le llenaba el alma

En su cabeza una biblioteca de fotografías
Su boca se tragaba el panorama
Su nariz respiraba de alegría
Su cuerpo temblaba en la rama

Desde la cima se veían los caminos
Senderos de agua, viento y tierra
La naturaleza viva le destemplabla los dientes
Dura y verde, casi podía masticarla

Lo visitaba a menudo un pajarillo
Tan frágil sus alas, como él en las ramas
El picaflor lo miraba a saltillos
Él, en el pino, hizo una cama

Lo azotaba constantemente un silencio
Un rugido helado, con aroma a marea
Su cuerpo fornido temblaba de frío
Pero no importaba, estaba  cumpliendo su tarea

Desde el cielo él veía las estrellas
De madera, de ladrillos y de cemento
Todas con sus brillos metálicos
Todas queriendo ser las del cielo

Él vivía en una estrella singular
La hizo con sus manos, sudor y sangre
A punta de chuzo, pala e instrucciones del padre
Pero él nunca logró llamarle hogar

No, nunca tuvo un hogar construible
Su casa era solo destruible
Solo existía en el bosque
Solo arriba, sobre el pino

El ocaso era casi tan hermoso como el alba
Pero solo quería que acabará para estirar su palma
Ahí, al anochecer, en su rama
Su casa en el árbol se acercaba a la luna

Se sentaba en el cielo, rodeado de un verde mar
Desde su rama se ponía a vigilar
Su bosque, su casa, su hogar
Su vida, efímera en tierra, se unió a la eternidad

Allá, en lo alto de los dioses verdes
Entre sabios y savia
Con hormigas y arañas
Sobre nidos y ramas
El viento se llevo su aliento
Cuando por fin encontró su lugar